La erosión costera avanza sobre distintos sectores del litoral bonaerense y pone en riesgo playas, ecosistemas y áreas urbanizadas. Así lo advirtió el Informe del estado de los ambientes costeros de la Provincia de Buenos Aires, elaborado por el Ministerio de Ambiente provincial a partir de relevamientos en 19 municipios y 104 puntos estratégicos.
Según el diagnóstico, solo el 14% de los puntos relevados presentó bajo impacto y buen estado de conservación. El documento señaló que los sitios con mayor degradación y procesos erosivos más avanzados coinciden, en general, con áreas donde las urbanizaciones incidieron negativamente sobre el frente costero.
El estudio identificó, además, una relación entre la presión de las actividades humanas y el deterioro del litoral. La construcción sobre la primera línea de costa, la forestación de médanos, la apertura de caminos que fragmentan dunas y las defensas rígidas figuran entre las intervenciones que reducen la capacidad natural de playas, médanos y acantilados para responder a tormentas y otros eventos extremos.
El informe incorporó proyecciones sobre el retroceso de la línea de costa marítima bonaerense. Según los estudios citados, el promedio estimado para 2045 sería de entre 17,8 y 19,6 metros, de acuerdo con el escenario climático considerado.
Para 2100, el retroceso promedio podría alcanzar los 47,4 metros en un escenario de emisiones intermedias y los 69,7 metros en uno de mayores emisiones. El documento aclaró que el impacto no sería uniforme, ya que las características geomorfológicas de cada sector, la intervención humana y la exposición a tormentas y sudestadas condicionan la evolución de la costa.
El aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia e intensidad de los eventos extremos podrían profundizar los procesos erosivos ya observados. Además, cuando las tormentas se suceden en períodos breves, las playas pueden no tener tiempo suficiente para recuperar naturalmente sus perfiles y sedimentos.
Entre los distritos identificados con muy alta presión antrópica figuran La Costa, Pinamar, Villa Gesell, Mar Chiquita, General Pueyrredon, General Alvarado, Necochea, Tres Arroyos, Monte Hermoso y Coronel Rosales.
El informe vinculó esa situación con la urbanización de alta densidad, el turismo masivo, la presión inmobiliaria y la infraestructura recreativa instalada sobre las playas, factores que pueden alterar el balance de sedimentos, reducir la superficie de playa y acelerar la erosión. En los sectores con menor intervención, en cambio, se conserva en mayor medida la dinámica natural de la arena, y los procesos erosivos forman parte de la evolución del paisaje sin poner necesariamente en riesgo obras o servicios.
El estudio también advirtió sobre el efecto de espigones, escolleras, enrocados y murallones. Aunque pueden proteger sectores puntuales, alteran el movimiento de sedimentos: favorecen la acumulación en algunas áreas y pueden intensificar el déficit de arena y la erosión en sectores vecinos.
Como respuesta, el Ministerio propuso avanzar con un enfoque de Manejo Costero Integrado, que articule a la Provincia, los municipios, el sistema científico, las comunidades y los sectores productivos, con una planificación de largo plazo.
Entre las recomendaciones figuran conservar y monitorear los campos de dunas, restaurar médanos frontales con vegetación nativa, instalar enquinchados para retener arena, regular el tránsito de vehículos sobre playas y dunas, reemplazar cortes en los médanos por pasarelas elevadas y evaluar la alimentación artificial de playas con déficit de sedimentos.
El informe recomendó, además, reducir la ocupación del borde costero en áreas de alta dinámica erosiva, analizar la retirada planificada de estructuras ubicadas en sectores críticos y regular actividades turísticas de alto impacto, como el enduro y otras prácticas motorizadas. Según concluyó, la erosión no puede abordarse solo con obras de defensa aisladas, sino con la conservación de los ambientes naturales y una planificación coordinada entre municipios y Provincia.